Nuestros motivos están equivocados si pensamos que si leemos la Biblia y oramos es para complacer a Dios o para que Él no esté enojado con nosotros. 

Claro que Él se complace cuando le buscamos de corazón, pero la realidad es que nosotros somos los más beneficiados cuando oramos y pasamos tiempo con él.
 
Cada vez que nos comunicamos con Dios en oración y cuando leemos su palabra nuestra mente y espíritu son renovados, recobramos nuevas fuerzas, encontramos paz y felicidad.
 
Todo lo que Dios nos pide que hagamos, lo hace para que seamos bendecidos. Él no nos pide que busquemos de su presencia porque él necesite de nosotros, más bien porque nosotros necesitamos de Él. Está en nuestras manos encontrar la felicidad de cada día.