Los problemas que vienen a nuestra vida nos derrotan o nos desarrollan, según reaccionemos ante ellos. Es nuestra decisión.

Cada adversidad la podemos cambiar o transformar para nuestro beneficio.
Cada situación contraria es una oportunidad para triunfar y salir vencedor.

Si tú decides pelear por tu bendición y no doblegarte ante los problemas,
Dios te promete respaldarte y pelear junto a ti. Jeremías 20:11 dice:

“El Señor está conmigo como poderoso gigante, por lo tanto, los que me persiguen tropezarán y no prevalecerán”.

Sea lo que sea que estés confrontando, recuerda que tú no estás solo y que los problemas de la vida son una oportunidad que tienes para experimentar la fidelidad de Dios.