En la vida de muchos de nosotros hay un sinnúmero de actividades que atender, y por ende, muchas preocupaciones. Estas cosas nos distraen y nos impiden escuchar claramente la voz de Dios. Tenemos tantas responsabilidades y siempre estamos tan ocupados que no sacamos tiempo para sentarnos a conversar con Dios, buscar su guía y su consejo. A veces nos mantenemos tan ocupados, sin embargo, no vemos resultados, ni frutos de lo que hacemos. Estamos como el pueblo de Israel, dándole la vuelta a la misma montaña por 40 años. Dios quiere contactarse contigo, pero siempre recibe la señal de “ocupado”.

Hoy te pregunto: ¿Cómo podrías ajustar tus compromisos para que puedas pasar tiempo con Dios? ¿Cuáles son esas distracciones que deberías eliminar de tu vida diaria para que puedas escuchar la voz del Señor?

Debemos colocar como prioridad en nuestra vida pasar tiempo con Dios, buscar su guía y su dirección para nuestro diario vivir. En la intimidad con Dios vamos a poder recibir su consejo y su sabiduría para todas las decisiones que tengamos que tomar.