“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas y que tengas
salud, así como prospera tu alma”.

Este es el deseo de Dios para ti; así que a partir de este momento rechaza
todo pensamiento negativo de fracaso, o de temor. Tú naciste para ser más
que vencedor en Cristo Jesús.

Enfócate en las promesas de Dios, en las cosas que ha hecho por ti, y en las
que ha hecho por tus hijos. Mantén siempre presente cómo Dios te ayudó a superar los problemas del pasado

y lo mismo que hizo ayer, lo hará otra vez.