Parece ser que algunas personas empiezan mal su día. Se sienten bien al despertar pero tan pronto inician sus actividades cotidianas, pierden la tranquilidad y la paz el resto del día.

Si alguien nos ofende temprano por la mañana o simplemente algo no sale como lo esperábamos nuestro enojo nos puede mantener a la defensiva durante todo el día hasta llegar la noche.

 Si empezamos el día agobiados, nada de lo que hagamos durante el día nos saldrá bien. Es mejor que nos fortalezcamos cada mañana en Dios para que podamos disfrutar de la paz que Él nos ofrece todo el tiempo. Esa paz inagotable, que no permitirá que nos angustiemos sea cual sea la circunstancia.

Empieza bien tu día y no permitas que nada ni nadie te quite la paz.