Cuando somos adolescentes pensamos que el día que encontremos a nuestro “príncipe azul” seremos felices, nos encantan las historietas que terminan diciendo: “Y fueron felices para siempre” pensando que encontrar el hombre ideal nos dará la felicidad. ¿Pero que sucede si esto no ocurre? Quizás pensamos que tener hijos si nos dará la felicidad y aunque convertirnos en madre si nos inunda de alegría no significa que seremos felices toda la vida.

Conseguir el empleo de nuestros sueños, tener una carrera exitosa, encontrar un buen esposo, tener hijos, son cosas importantes para nosotras las mujeres pero nada de esto nos hará felices porque simple y sencillamente la verdadera felicidad es una decisión y no un sentimiento, va más allá de un estado de ánimo pasajero.

Si bien es cierto nosotras las mujeres somos muy emocionales, en un momento podemos estar muy alegres y a los diez minutos muy tristes.

Es completamente natural que sintamos enojo, tristeza, frustración etc. pero no debemos permanecer con estas emociones por mucho tiempo porque nos quitaran la paz y seremos personas llenas de amargura.

Vivir una vida de verdadera felicidad radica en enfocarnos en todo lo Bueno que Dios nos permite vivir y hacer frente, de forma optimista, a los malos momentos. Esto no será fácil pero o podrás lograr con la ayuda de Jesús. Él ha prometido ser tu Fortaleza en los momentos de debilidad y de temores. Solo con la ayuda de Él podrás ser verdaderamente feliz y cumplir su propósito.