Es un proceso aprender a no permitir que las circunstancias adversas nos roben la paz y el gozo que Dios nos quiere dar, porque el enemigo de nuestras almas trabaja de diferentes maneras para lograr desestabilizar nuestras emociones.

Sobre todo nosotras las mujeres somos muy atacadas en este sentido porque lidiar con las tareas del hogar, nuestros hijos, esposos, quizás trabajo y más actividades suelen cargarnos tanto que fácilmente podemos perder la paciencia y mucho peor si nuestras hormonas están alborotadas.

Por eso hoy quiero animarte a que seas fuerte y resistas la constante tentación de la ira y la amargura. Claro que puedes enojarte pero que esto no sea una constante y que no afecte tu relación con los demás.

Determina que desde este día en adelante harás todo lo posible para retener la paz y disfrutar cada día de la vida. Sé que con la ayuda de Dios y tu esfuerzo lo lograrás.