La Biblia dice que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Lucas 10:27). ¿Pero, qué sucede si nosotros mismos nos damos poco valor y no reconocemos nuestras fortalezas y virtudes?

¿Cómo podríamos cumplir con este mandato de Dios si no nos amamos realmente? Debemos aceptarnos con nuestros defectos y virtudes porque, aun así, Dios nos amó primero. No somos perfectos y a pesar de esto somos realmente especiales para Él.

Debemos aprender a ser felices con quienes somos y con lo que tenemos. No te dejes caer por cada cosa que, quizás, no has hecho correctamente. Aprende a amar tu vida ahora mismo y en donde te encuentres.

Declara: “Estoy agradecida por ser una hija de Dios, soy especial tesoro ante los ojos de Dios y de los demás. Disfrutaré cada día de mi vida, amándome a mí y a los que me rodean”.