Muchas de las pruebas que pasamos, el enemigo las envía para acaparar nuestra atención, es decir, para que te desenfoques y concentres toda tu atención en lo que estás viendo o lo que estás sintiendo.

Los problemas y las situaciones difíciles nos abruman y nos cargan; y esto es exactamente lo que quiere el enemigo, que quitemos nuestra vista de las promesas de Dios y le demos entrada a los pensamientos que el trae a nuestra mente.

Pero si mantienes tu enfoque en las promesas de Dios, ninguna circunstancia va a tener el poder para dominarte.

Dios tiene grandes y maravillosos planes para ti y el enemigo no va a poder detener, ni demorar el que esas bendiciones lleguen a tu vida.