Cuando culpamos a Dios o nos quejamos contra Él, estamos dejando ver que no nos gusta lo que nos sucede, y que no confiamos nuestras vidas al Señor. Si realmente somos agradecidos con Dios, no habría en nosotros ni murmuración, ni queja, sino una voz de gratitud hacia todo lo que ha hecho y hace por nosotros.

Ser agradecidos abre nuevas puertas de bendición a nuestra vida. Cualquiera sea tu situación, agradece a Dios, no por la situación en que te encuentras, sino porque Él te saca de tu problema. Recuerda que tu actitud determina tu altitud. ¿Cuán lejos quieres llegar? Sé agradecido!