De alguna u otra forma, cada uno de nosotros en algún momento, hemos sentido alguna clase de rechazo.

El rechazo puede manifestarse de muchas maneras diferentes. Criticas, violencia, abandono, humillación, no importa cómo haya sucedido, siempre causa daño y deja heridas. El mismo Jesús fue rechazado por la misma gente que El vino a salvar, pero por el gran amor que tiene por ti y por mí, El se sometió a ese rechazo.

¿Puedes tu confiar que Dios nunca te va a rechazar?
¿Puedes tu entregarle al Señor toda herida que hay en tu corazón por el rechazo y permitir que Él sane ese dolor?

Dios quiere comenzar un proceso de sanidad en tu corazón, pero depende de ti. Permite que el amor Dios haga su obra en ti. Salmo27:10 dice: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, el Señor me recogerá”.