A través de muchos años hablando con parejas, muchas de las causas de una separación o un divorcio es la ira, o el enojo. El no poder controlar los impulsos y hacer de algo pequeño, un gran gigante.

Por ejemplo:

“Mi esposa se enojó tanto que lanzo el teléfono celular contra la pared y lo destruyo en mil pedazos”. “No puedo contenerme, cuando me lleno de ira, es como si mi mente se nublara y no puedo evitar el ponerme furioso” -.
Diariamente recibimos llamadas o correos electrónicos como éste, de personas que nos piden ayuda para controlar su ira y su enojo. ¿Qué dice Dios acerca de la ira? ¿Qué debo hacer para evitar llegar a estos extremos? Es normal enojarnos, pero no podemos dejarnos gobernar por esos sentimientos descontrolados. El apóstol Pablo escribió en Efesios 4:26-27: “Airaos, pero no pequéis, no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo”.

Solo con la ayuda de Dios vas a poder medir cada circunstancia de acuerdo con su magnitud y no enojarte por cualquier tontería. El Espíritu Santo te va a ayudar a controlar tus emociones, tus actitudes y poder superar la ira y sus consecuencias. Tú no eres gobernado por tus emociones, sino por la palabra de Dios que obra en ti cada día y con su ayuda vas a poder cambiar y te dará la paz y las fuerzas que necesitas cada día.