Todos los días vemos gente que está desesperada, herida y sola. Puede que ni siquiera seamos conscientes del camino oscuro que recorren. Tal vez estamos demasiado ocupados y a veces ni siquiera nos damos cuenta de que están allí. La realidad es que muchas veces nosotros mismos podríamos ser esas personas desesperadas, heridas y solitarias.

La Biblia no usa la palabra “depresión” excepto en algunas traducciones, a menudo se conoce como, deprimido, desconsolado, atribulado, miserable, entre otros, pero hay varias historias de hombres y mujeres que luchan y batallan con temporadas oscuras de desesperanza y depresión.

David escribió en el libro de Salmos sobre su soledad, el temor hacia sus enemigos; su corazón gimió por el pecado y la culpabilidad que sentía por ello.

“Mis maldades me abruman, son una carga demasiado pesada.” Salmos 38:4

“¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!” Salmos 42:11

Elías estaba desanimado y temeroso. Después de grandes victorias sobre los profetas de Baal, este hombre de Dios tuvo temor y corrió para salvar su vida de las amenazas de Jezabel.

“… «¡Estoy harto, Señor! —protestó—. Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados».” 1 Reyes 19:4

Moisés en sus sentimientos de ira y traición de su propio pueblo, estaba listo para renunciar.

“Sin embargo, yo te ruego que les perdones su pecado. Pero, si no vas a perdonarlos, ¡bórrame del libro que has escrito!” Éxodo 32:32

En todas estas historias vemos que Dios estaba con ellos.

“El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido.” Salmos 34:18

El Señor está con ustedes en los días buenos y en los días oscuros también. Está dispuesto a tender la mano desde tu sufrimiento más profundo y levantarte. Se preocupa por ti.

El es Sanador, Redentor, Restaurador y un amigo.