Si pones tu confianza en Jesús, Él nunca te va a desamparar y nunca hará nada ni dirá nada que te traiga vergüenza.

No permitas que nadie ponga presión sobre ti, ni te doblegues ante la presión de nadie, porque los hombres cambian de un momento a otro.

Cuando Jesús entró a Jerusalén todos lo alababan y le decían: Hosanna y al día siguiente ese mismo grupo que lo aclamaba, gritaba: crucifícale.

Dios te promete en Isaías 49:25 que El peleará contra los que pelean contigo y todo el mundo sabrá que el Señor es tu Salvador y tu Redentor.