Por eso no puedes vivir lamentándote, ni en condenación por los errores del pasado. El pasado ya paso y tienes que tomar la decisión de que el pasado no puede dictar tu futuro.

El deseo de Dios para ti es de bien y de darte un futuro lleno de esperanza, pero es tu decisión el abrazar las promesas de Dios o seguir lamentándote por todas las cosas que te han sucedido.

El rey David dijo en el Salmo 27, “El Señor es mi luz y mi salvación, de quien temeré? Tu no tienes nada que temer porque Dios te ha dado poderosas promesas que están disponibles para ti, para que puedas vencer todo obstáculo y toda condenación del pasado. Así que levántate y resplandece, porque ha llegado tu luz y esa luz brillara sobre ti.